Música para tus temores

Investigadores descubren una voz espectral que canta, desafiante, durante el Holocausto.

Por: Jessica Wapner 25 Feb 2017

Foto:JOE J. HEYDECKER/GALERIE BILDERWELT/GETTY

LA BANDA SONORA de la historia humana es música instigada por el sufrimiento. Canciones de desafío y fe permitieron que los judíos enfrentaran y resistieran sus penalidades durante el Holocausto. Y ahora, una grabación perdida desde 1946 proporciona una nueva y conmovedora banda sonora sobre la vida en los guetos y los campos de concentración.

Justo después de la Segunda Guerra Mundial, el letón David Boder, psicólogo especializado en experiencias traumáticas, quien trabajaba en el Instituto de Tecnología de Illinois, decidió viajar a Europa para grabar entrevistas con sobrevivientes del Holocausto. Boder era judío y quería entender la mentalidad de la gente que sobrevivió a aquel suplicio. Solía iniciar sus entrevistas pidiendo a los sujetos que cantaran. “Esa era una de sus metodologías, solo para relajar a las personas”, informa Bret Werb, musicólogo del Museo Memorial del Holocausto de Estados Unidos. Las entrevistas de Boder fueron preservadas después de su muerte, en 1961, legando al mundo un tesoro inesperado de música del Holocausto.

En 1967, una parte de los archivos de Boder fue donada al Centro Cummings para la Historia de la Psicología, en la Universidad de Akron, Ohio. Entre los materiales había una caja con unos 48 carretes de alambre: grabaciones de entrevistas con supervivientes del Holocausto. El problema era que nadie podía reproducirlas. Los magnetófonos de alambre (grabadoras de alambre) que usó Boder eran obsoletos incluso entonces, y ninguno de los magnetófonos de alambre de la colección del Centro Cummings era compatible con los carretes.

En 1999, David Baker llegó al Centro Cummings como director ejecutivo y se puso a investigar la manera de reproducirlos. “Topamos con muchos callejones sin salida”, recuerda. Luego, hace unos tres años, unos especialistas en audio de dicho centro decidieron hacerse cargo de la tarea. Compraron en eBay un magnetófono de alambre que no funcionaba y utilizaron la carcasa —la parte que sostiene los carretes— como fundamento para la máquina nueva que construyeron. James Newhall, productor multimedia de la Universidad de Akron, sustituyó el motor de corriente alterna original por un motor de corriente continua, y cambió los amplificadores de tubos al vacío por un amplificador de circuito integrado.

Según Newhall, el mayor reto para construir el magnetófono fue eliminar el zumbido de fondo. Hicieron varios intentos fallidos hasta que, finalmente, recurrió a un amigo, un ingeniero eléctrico, quien sugirió que probara con un material llamado MuMetal, una aleación que aísla el magnetismo. Luego de colocar tres capas de la aleación entre el cabezal y el motor, logró su objetivo.

Jon Endres, especialista en medios del Centro Cummings, fue el primero en escuchar el canto. Editaba un video mientras convertía un carrete de alambre en grabaciones digitales, tarea que se había vuelto rutina para él en los dos meses posteriores a la creación exitosa de Newhall. Al principio pensó que el carrete de aquel día estaba vacío, porque los primeros diez minutos estaban en blanco. Pero luego oyó la canción, seguida por la voz de Boder anunciando el lugar —un campamento para refugiados en Héenonville, Francia—, y el tema, supervivientes y partidarios que habían luchado contra los nazis. “De verdad hace que te corran escalofríos por la espalda”, confiesa Endres.

Para Baker, escuchar la grabación por primera vez fue una experiencia excepcionalmente emocionante. “Después de setenta años, escuchamos cantar a una superviviente del Holocausto”, dice. “Es obvio que teníamos muchas preguntas”.

Las preguntas de Baker pronto hallaron respuesta. La cantante era Guta Frank, y Werb conocía su historia. Frank fue una judía polaca quien, durante un periodo de cuatro años, huyó de un gueto a otro con su familia. Sus padres y hermanos fueron asesinados en el trayecto, mientras que ella y su hermana terminaron en un campo de trabajos forzados, haciendo municiones en las afueras de Czestochowa, Polonia. Su hermana dejó unas memorias, que pueden leerse en línea en el sitio web de Museum of Family History.

Werb también dio a Baker una traducción de las canciones que Frank cantó para Boder. Una de ellas, llamada “Our Town is Burning” (Nuestra ciudad está ardiendo), es una canción bien conocida y a menudo interpretada en conmemoraciones del Holocausto. Escrita poco antes de que estallara la guerra, la canción denuncia la indolencia de los espectadores que miran arder una ciudad sin brindar ayuda.

Sin embargo, la versión de Frank era distinta. Ella cantó: “El pueblo judío está ardiendo”. En la grabación, Frank informa a Boder que la hija del compositor interpretó la canción en los sótanos del gueto de Cracovia para inspirar a la gente a rebelarse contra los alemanes.

Una segunda composición que interpretó Frank era la canción oficial del campo de trabajos forzados donde estuvo cautiva. Los comandantes del campamento instaban a los reclusos a entonar canciones como esa de camino al trabajo. “Les gustaba”, dice Werb. La letra era conocida desde hacía mucho tiempo, pero la melodía jamás se había escuchado. “La canta alguien que debió estar allí”, afirma Werb.

Ahora, Baker pretende crear un depósito único que concentre todo el trabajo de Boder, y el Centro Cummings sigue trabajando con las grabaciones. Hasta el momento, una de las favoritas de Endres es un discurso de Boder titulado “No Land, No Sand” (Sin tierra, sin arena). En esa charla, grabada poco después de la Segunda Guerra Mundial, el psicólogo plantea cuál sería la mejor manera de ayudar a las personas desplazadas, y se pregunta si deberían reasentarse en Estados Unidos o en Europa. A Endres le sorprendieron los paralelos del discurso de Boder, de hace sententa años, y los acontecimientos actuales. “Algunas cosas nunca cambian”, concluye.